Archive for the ‘Denver Pyle’ Category

LA PRIMERA AMETRALLADORA DEL OESTE (Something Big). 1971

octubre 31, 2009
Durante la Revolución Mexicana, varios grupos de aventureros se enfrentan por la posesión de la recién inventada “Gatling”, una poderosa ametralladora capaz de disparar muchas balas por minuto sin recargarla.
Joe Baker tiene un sueño, pero para cumplirlo necesita dicha ametralladora.
En el mercado negro, un vendedor le ofrece un trato: el precio de la pieza será una mujer. Baker secuestra a una mujer de una diligencia pero no sabe que es la mujer del comandante de la caballería local.


Bastante sinsorgo western, que sí lo es, pero más parece una comedia. Y es que el cachondeo es constante y todo va por el camino del humor. La pena es que hace más bien poca gracia.
Está bien realizada desde el punto de vista fomal por Andrew V. McLaglen, hijo del mítico Víctor, y ya experimentado en esta clase de productos. Antes y después siguió haciéndolos, lo que le honra y causa nuestra si no admiración pues casi todas eran mediocres, sí nuestra más leal simpatía.

En este caso consigue uno de sus más flojos productos, lo que ya indica la calidad cinematográfica de la cinta. Una cinta que resulta amena, es decir no aburre, pero más bien por la esforzada labor de sus muchos buenos intérpretes, que por el guión, ramplón, y/o la dirección, normalita, cumplidora sin más.
Se puede decir, sin ánimo de ofender, que es una chorrada (con perdón) de tomo y lomo, que no se prende en la memoria más allá de su inmediata visión.
Bonita fotografía de Harry Stradling Jr y bonita música de Burt Bacharach, entonces en boga por sus melódicas composiciones.
Muy bonitas sus actrices (Honor Blackman, Carol White…), el resto pura paja.

EL CAÑÓN ROJO (Red Canyon). 1949. Valoración: 7

junio 29, 2009
Un magnífico caballo mustang de color negro, jefe de una manada de ellos que viaja por las bellas tierras de una región del oeste, es apresado por un forastero, que lo quiere usar, si logra domarlo, en una carreras donde podrá ganar mucho dinero.
Sin embargo, la hija de uno de los mayores terratenientes se encapricha también del caballo, haciendo buenas migas con él. Es la única que puede hacer que se amanse, aunque no será fácil.
Mientras tanto, una familia compuesta por padre y tres hijos, llega al pueblo, dispuestos a robar el caballo.

Agradable western menor, casi casi familiar si no fuera porque hacia el final hay un tiroteo entre miembros de una misma familia. Y eso no fomenta la buenas relaciones familiares, ¿no?.
Por lo demás, se trata de una discreta cinta del oeste, adaptación de la novela de Zane GreyWildfire“, donde lo que más abunda, hasta reventar, es cabalgatas y más cabalgatas tras el brioso, fuerte e inocente caballo salvaje a quienes todos quieren apresar. Eso sí, dichas cabalgatas tienen lugar en medio de agrestes y preciosos parajes, donde se alternan las áridas tierras cobrizas, con bosques y bellos lagos (Kanab, Utah, USA). Y todo ello magníficamente fotografiado con el maravilloso technicolor de la época.

El mayor trabajo se lo llevan los maravillosos jinetes, que a toda máquina y subiendo y bajando peligrosas laderas, se juegan el tipo y ganan el pan con su sudor y, supongo, algún que otro moratón.
Buenos “secundarios” como el gran Edgar Buchanan, aquí un viejo cascarrabias corto de vista y un poquito cobarde, el gran John McIntire como el ladino patriarca y/o Lloyd Bridges, como el peor de sus hijos.

Buena banda sonora y eficaz pero un tanto rutinaria dirección del hábil y destajisa artesano de Hollywood, George Sherman, autor de un buen número de westerns, tanto en cine como en añorados seriales televisivos.
Una peliculilla sobria y digna, que al final deja un buen sabor de boca.
¡Ah! Y me olvidaba citar aque Ann Blyth está tan preciosa como siempre.

EL HOMBRE DEL COLORADO (Man from Colorado, the). 1948. Valoración: 7

mayo 16, 2009
En 1865, un sádico coronel del ejército de la Unión, Owen Devereaux , regresa a su hogar, en Colorado, donde es recibido como un héroe, junto a su colega y amigo el capitán Del Stewart.
El coronel Deveraux ha dejado tras de sí muertes y violencia innecesaria, y Stewart teme que el conflicto lo haya trastornado.
Por entonces, Caroline Emmet, la mujer de la que ambos están enamorados, accede a casarse con Deveraux…

Muy entretenido western, muy ágil, lleno de felices situaciones rodadas con buen ritmo y sentido dramático por Henry Levin y Charles Vidor, este muchas veces sin aparecer en los títulos de crédito, aunque colaboró en varias escenas. Tiene muchos encantos, todos ellos comunes al buen cine que se hacía a finales de los cuarenta, con un empleo entrañable del technicolor y/o incluso de otros menos vistosos como el trucolor, cinecolor… que le daban al film, sobre todo si se veía por televisión, muchos años después de su estreno, un halo romático, ingenuo y colorista.
Pero lo más curioso es ver al casi siempre cercano y cálido Glenn Ford, en un papel de malo, cosa no muy normal. Un malo malísimo, que da verdadero miedo, pero que no puede impedir que el espectador siente por él un poco de pena, dado que al fin y al cabo no es más que un enfermo mental, producto de una terrible y fraternal guerra civil, donde tuvo que dirigir verdaderas matanzas en aras de la búsqueda de la ansiada victoria. Ford lo hace de maravilla y su composición es de la que se recuerdan para siempre.

Le acompañan un seguro William Holden, en todo momento entre la amistad y lealtad con su amigo y su sentido del deber, una excelente Ellen Drew, que sufre de lo suyo con su enajenado marido, y soberbios característicos del buen westen como Edgar Buchanan, Stanley Andrews y/o Denver Pyle.
Los críticos suelen decir que la dirección de Levin es rutinaria. No sé si es cierto, lo que sí sé es que me lo pasé muy bien viéndola, me dejó una huella indeleble y considero esta película como un buen film, con escenas realmente violentas y más para la época en la que fue rodada y con un malsano clímax de muerte y corrpución, donde las buenas gentes se las ven canutas para imponer el orden en medio del caos y la locura.

LA SOGA DE LA HORCA (Cahill: United States Marshal). 1973. Valoración: 6

abril 6, 2009

Un viejo sheriff debe perseguir a su propio hijo por el asesinato de un hombre cuando huyó, en compañía de unos criminales desaprensivos, de la cárcel, donde había sido recluido tras una noche de borrachera.
El hijo no es culpable, pero él no lo sabe.

Un film menor del oeste, de esos que Andrew V. McLaglen, hijo del gran Víctor, hermano del alma de John Wayne, hizo durante los años sesenta y setenta como churros, o casi casi.

Ciertamente no tiene nada de especial, pero cuenta con el gran Wayne y un buen puñado de excelentes intérpretes propios del género del far west, casi todos de la camada McLaglen-Wayne (Paul Fix, Neville Brand, Denver Pyle, Harry Carey Jr..). Viejos amigos que se juntaban, se lo pasaban bien y cobraban dinero haciendo lo que más les gustaba.


El argumento no es nada del otro mundo, con un guión convencional y una dirección mediocre, pero se ve bien por el buen hacer de sus más bien veteranos (o muy veteranos) intérpretes, con el añadido del joven Gary Grimes, por esta época un valor en alza en el que se tenían depositadas muchas esperanzas y que prácticamente desapareció un buen día sin dejar mucho rastro.
Preciosa fotografía, bellísimos paisajes, bonita música.
En fin, un western agradable, poco imaginativo, donde la originalidad brilla por su ausencia, aunque el final sí que se escapa de lo trillado.

EL HALCÓN DE INVIERNO (Winterhawk). 1975. Valoración: 6

marzo 9, 2009

Winterhawk” es un jefe indio pies negros, valeroso y poco amigo de los blancos. Sin embargo, un día necesita ayuda de ellos y va en su busca pidiendo medicinas pues su hijo tiene la enfermedad del hombre blanco: varicela.
Los blancos le rehuyen y dos de ellos, asesinos y ladrones, incluso intentan asesinarle y robarle.
El huye y secuestra a una mujer blanca y al hermano pequeño de ella.
Su tío, junto con un grupo pequeño de hombres blancos, comienza su búsqueda y posible rescate.

Interesante western dirigido por el siempre honesto Charles B. Pierce, con bastantes toques antropológicos y una estética algo almibarada, con abundantes escenas a cámara lenta pero sumamente atractiva para los ojos del espectador.
Incluso hay toques originales y poco comunes en los westerns, como la música, con muchas melodías utilizando el piano.Dicha música, en las escenas con nieve, quedan bellas y sugerentes.

La acción, no excesiva y siempre medida en su duración y tiempo, está bien realizada, destacando todas y cada una de las muertes, que tienen su importancia moral y ética.
Buenas y esforzadas interpretaciones (pasaron mucho frío y se nota los entrañables Elisha Cook Jr, Denver Pyle y/o el fordiano Woody Strode), y una fotografía de gran categoría.
En resumen, buen aunque algo extraño western que no ha pasado a la historia del cine, pero que merece la pena.