Archive for the ‘Ian McDonald’ Category

ORGULLO DE COMANCHE (Comanche territory). 1950. Valoración: 5,70

enero 2, 2010
Biografía (bastante novelada) del gran explorador Jim Bowie, ayudando al pueblo comanche a salvar sus tierras de la rapacidad blanca.
Tras el descubrimiento de plata en territorio comanche, James ‘Jim’ Bowie es enviado por el gobierno a dicha zona, con el fin de asegurarse que no haya ningún problema con el tratado de paz firmado con los indios. Es acompañado en su misión por el político Daniel Seegar. Pero, una vez allí, ‘Jim’ Bowie descubre que los colonos planean atacar a los indios a pesar del acuerdo del gobierno.

“¡El ocaso de una raza de valientes!“.
Así decía la publicidad del cine Olimpia de Bilbao, en su reinauguración.

Western de serie B, realizado con su acostumbrado oficio por George Sherman, claro ejemplo de lo que se suele llamar popularmente como “artesano”.
Se deja ver sin problemas y se olvida con una facilidad pasmosa. Y esto es debido a la impersonalidad del conjunto, lleno de convencionales diálogos, escenas de acción bien filmadas, pero poco imaginativas, y un todo que deja una clara sensación de “dejà vu”, y eso que la peli es de 1950, es decir, que tampoco era de las últimas que relataban las cuitas entre los pieles rojas y los hombres blancos.

Hay sí, buenas cosas, que la redimen, como la buena banda sonora de Frank Skinner o/y la magnífica fotografía en color a cargo de Maury Gertsman, que dan lustre que no veas a los bellos y agrestes paisajes de Sedona y Yavapai County, pero en líneas generales y pese a los notables esfuerzos de, por ejemplo, Iron Eyes Cody, verdadero jefe indio que mostró buenas cualidades dramáticas en films de parecido pelo, y/o el gran Will Geer.
Pero no deja de ser un western muy menor, que puede entretener mientras se ve, pero no pasa de ser del montón.

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MONTANA. 1950. Valoración: 6,40

diciembre 21, 2009

En 1879, el territorio de Montana está absolutamente dominado por los reyes del ganado vacuno.

Pero Morgan Lane, un audaz ovejero en busca de nuevos pastos para sus rebaños, llega a este territorio para desafiar su poderío y arrogancia.
Se encontrará con la oposición de la rica ganadera Maria Singleton, al igual que la de otros muchos rancheros del lugar.

Modesto pero entretenido western, realizado ¿al alimón? por Ray Enright, modesto y simpático artesano, y el gran Raoul Walsh. Y si he puesto la interrogación es porque no fue de mutuo acuerdo, sino que, al parecer, la comenzó Enright y la finalizó o completó, sobre todo en las escenas de más acción, Walsh. Se conoce que los productores no estaban demasiado de acuerdo en cómo estaba quedando la peli.

Y es que es eso, que le falta personalidad, que todo es, ameno sí, pero convencional y sin inspiración alguna.
Tiene oficio y se nota que quien está tras las cámaras posee experiencia en estas lides, pero le falta algo trascendente, alguna escena, algún especial diálogo. Pero no, el argumento se siguen bien y es cierto que nada rechina, por lo que deja un aceptable sabor de boca. Pero no tiene nada imperecedero, por lo que se convierte de inmediato en olvidable.
Estimables intérpretes y lustrosa fotografía a cargo de Karl Freund. Por lo demás, poquita cosa.

COLT 45. 1950. Valoración: 5,50

octubre 21, 2009

Una nueva arma ha aparecido en las calles. Se trata de un revólver llamado Colt 45.
Más mortifero y fácil de manejar que los anteriores, causará la deseperación y envidia de muchos hombres, lo que no llevará nada bueno.
Steve Farrel, representante de la casa Colt, se dirige al Oeste con la intención de promocionar un revólver de gran eficacia que está provisto, por primera vez, de un mecanismo de repetición.
En una ciudad fronteriza habla con el “Sheriff” para mostrarle cuatro ejemplares de las nuevas armas.

Uno de los muchos (quizás demasiados) westerns verdaderamente “de serie”, y por ello “B”, que interpretó el bueno de Randolph Scott, como ya he dicho en anteriores ocasiones, para mi gusto el segundo gran westermen de la historia del cine (sí, claro, por detrás del number one: John Wayne).
Está dirigida con el piloto automático puesto por Edwin L. Marin, ay que había trabajado con Scott y se llevan de maravilla. Marin no destaca precisamente por su gran originalidad en la puesta de escena, y en esta ocasión paso lo mismo.

Apenas una vez vista se queda en nuestra retina y memoria alguna escena perdida, y eso que los intérpretes no son nada malos: Zachary Scott, Alah Hale, Lloyd Bridges…), pero ni aún así insuflan de vida a esta vulgar cinta, mediocre en todos sus aspectos. Aunque no aburre, felizmente. Simplemente se deja ver, aunque sea imposible recordarla apenas pasado un mes.
Está bien la fotografía a todo color, de Wilfred M. Cline, y los paisajes son bonitos (Iverson Ranch, Chatsworth, Los Angeles, California, USA; y/o Vasquez Rocks Natural Area Park – 10700 W. Escondido Canyon Rd., Agua Dulce, California, USA.
También son de recibo los decorados de interiores.
En cuanto al argumento, normalito.

EL HOMBRE DEL COLORADO (Man from Colorado, the). 1948. Valoración: 7

mayo 16, 2009
En 1865, un sádico coronel del ejército de la Unión, Owen Devereaux , regresa a su hogar, en Colorado, donde es recibido como un héroe, junto a su colega y amigo el capitán Del Stewart.
El coronel Deveraux ha dejado tras de sí muertes y violencia innecesaria, y Stewart teme que el conflicto lo haya trastornado.
Por entonces, Caroline Emmet, la mujer de la que ambos están enamorados, accede a casarse con Deveraux…

Muy entretenido western, muy ágil, lleno de felices situaciones rodadas con buen ritmo y sentido dramático por Henry Levin y Charles Vidor, este muchas veces sin aparecer en los títulos de crédito, aunque colaboró en varias escenas. Tiene muchos encantos, todos ellos comunes al buen cine que se hacía a finales de los cuarenta, con un empleo entrañable del technicolor y/o incluso de otros menos vistosos como el trucolor, cinecolor… que le daban al film, sobre todo si se veía por televisión, muchos años después de su estreno, un halo romático, ingenuo y colorista.
Pero lo más curioso es ver al casi siempre cercano y cálido Glenn Ford, en un papel de malo, cosa no muy normal. Un malo malísimo, que da verdadero miedo, pero que no puede impedir que el espectador siente por él un poco de pena, dado que al fin y al cabo no es más que un enfermo mental, producto de una terrible y fraternal guerra civil, donde tuvo que dirigir verdaderas matanzas en aras de la búsqueda de la ansiada victoria. Ford lo hace de maravilla y su composición es de la que se recuerdan para siempre.

Le acompañan un seguro William Holden, en todo momento entre la amistad y lealtad con su amigo y su sentido del deber, una excelente Ellen Drew, que sufre de lo suyo con su enajenado marido, y soberbios característicos del buen westen como Edgar Buchanan, Stanley Andrews y/o Denver Pyle.
Los críticos suelen decir que la dirección de Levin es rutinaria. No sé si es cierto, lo que sí sé es que me lo pasé muy bien viéndola, me dejó una huella indeleble y considero esta película como un buen film, con escenas realmente violentas y más para la época en la que fue rodada y con un malsano clímax de muerte y corrpución, donde las buenas gentes se las ven canutas para imponer el orden en medio del caos y la locura.