Archive for the ‘James Flavin’ Category

DAKOTA LIL. 1950.Valoración: 5,40

octubre 27, 2009

A un agente del Gobierno americano le es encomendada la misión de capturar a la banda del “Agujero en la mano” después de que cometieran un importante robo.
Para llegar al cerebro de la banda tendrá primero que ganarse la amistad de Lil, una bella bailarina.

Pues más bien poco puedo decir de este western bastante menor, dirigida como en él era habitual, con profesionalidad y marcado acento destajístico, pero sin personalidad alguna, por Lesley Selander, autor de un montón de títulos, a cada cual prácticamente igual de prescindible y olvidable. Pero simpático me cae al, al menos, tratar una y otra vez, de conseguir algo perdurable y, por lo menos, intentar hacernos pasar un ameno rato.
No, en este caso no lo consigue. Es decir, aburrir a las ovejas no aburre, pero casi todo resulta algo tedioso debido al lento ritmo impreso, que en un western resulta imperdonable.

Los intérpretes son prácticamente todo/as de los llamados “secundario/as”, que poblaron la historia del cine en general y del western en particular. Sin su presencia, imposible adivinar cómo serían las películas. Ello/as aportan una experiencia que inunda de buen hacer sus trabajos. Gente como J. Farrell McDonald, Wallace Ford, Jack Lambert y/o James Flavin, consiguen que la cinta tome cuerpo aunque no pueden salvarla del olvido más absoluto.
Y es que apenas hay alguna escena conseguida, todo está trillado y la previsibilidad es la moneda corriente de este trabajo honrado, digno, lo que quieras, pero bastante limitado en todos sus aspectos, también.
Simpática presencia de dos de los westermen más esforzados del cine “de vaqueros”, como Rod Cameron y George Montgomery, pero lo mejor es su protagonista, una excelente Marie Windsor, que resulta la clara ganadora de la película. Su intepretación es excelente y da gusto verla.
En resumidas cuentas, que no llena la peli y cuesta un mundo recordarla al día siguiente de su visión.

LOS INCONQUISTABLES (Unconquered). 1947

octubre 8, 2009
En el siglo XVIII, una joven inglesa, convicta, es deportada a las colonias americanas como esclava.
En el barco consigue la libertad después de ser comprada por un apuesto aventurero, pero cuando éste se marcha un malvado político decide volver a convertirla en esclava
El aventurero tomará cartas en el asunto cuando se entere.

Muy entretenida película de aventuras, que no incluí en el año correspondiente (1947) al tenerla en mi base de datos como film puramente de aventuras. Y en efecto, sobre todas las cosas, sobre todos los géneros, el de aventuras es el que se lleva la palma. Pero también se trata de un western o mejor aún un pre-western. Y como quiera que ya he incluido en este humilde blog algunas cintas que se desarrollan en el siglo XVIII en vez de en el XIX, pues incluyo esta también.
La película es enormemente entretenida, al estilo de las dirigidas y producidas por el gran (en todos los sentidos) Cecille B. de Mille. Esto es, de algo más larga duración de lo normal (y prudente ya que son dos horas y veintiseis minutos), larguísimo plantel de auténticas estrellas (gran puntazo el ver a Boris Karloff haciendo de indio), y una mezcla de espectacularidad, con intimismo y mucho, mucho colorido en un argumento repleto de acción y humor.

Este humor es socarrón y da gusto contemplar una forma de hacer cine que ya ha desaparecido salvo algún atisbo o intento de reformulación de los grandes clásicos por parte de cineastas de hoy en día.
Todavía aún hoy se sigue reponiendo en las televisiones de todo el mundo, consiguiendo grandes éxitos de audiencia. Y es que no pasa de moda, reteniéndose fácilmente en la memoria momentos como cuando el protagonista, un jocoso y atractivo Gary Cooper suelta divertido cada vez que alguien puja por la chica algo así como: “Y tres peniques (o chelines, no recuerdo bien)”. Es decir, siempre subiendo, aunque un poquito nada más, la puja del maloso de turno que se quiere llevar esclava a su amada.
Una película imperecedera, recomendable cada vez que se está necesitado/a de alegría y donde podemos admirar en el magnífico technicolor de la época preciosos paisajes de Pennsylvania y Snake River (Idaho) (USA).

TEXAS. 1941

agosto 18, 2008

1866. Recién finalizada la guerra civil, dos antiguos combatientes vagan por Texas en busca de dinero, comida o trabajo.

Lo que encuentran es un problema tras otro.
Primero se convierten en profesionales del boxeo, luego presencian el asalto a una diligencia, consiguen arrebatar el dinero a los ladrones y horas después están frente a un grupo de hombres que quieren ahorcarlos
Se hacen con el motín de una diligencia y deciden no volverse a reencontrar nunca más.
Pero el destino les une, enfrentándoles no solo ante el amor sino ante la ley.

Aceptable western, que no es tan bueno como “El hombre del colorado“, estupenda peli del oeste que Glenn Ford y William Holden, también presentes en esta ocasión como dúo protagonista, interpretaran años después a la órdenes de Charles Vidor.
Aquí practicamente se intercambian los papeles ambos, pasando a ser Ford el bueno y Holden el malo; no tan malo como Ford en la de Vidor, donde era un auténtico psicópata pero sí siempre al margen de la Ley.
“Texas” es algo triste en cuanto a su intensidad, algo apagada en líneas generales, como por las situaciones narradas, menos afortunadas. O al menos así lo recuerdo yo (la vi de chaval por la tele).
Con todo, me hizo pasar el tiempo pero ya me di cuenta en aquél entonces que no era precisamente una joya, más bien una peli olvidable. Pero, repito, lo digo con reservas.

Lo que yo recuerdo bien es que no me dejó honda huella y me pareció realizada de forma convencional y conformándose con resultar entretenida, sin más. Lo consigue como casi siempre George Sherman, su director, pero es que era muy buen artesano y no mucho más, aunque hizo tantísimos westerns y series de televisión “Daniel Boone…”, que no era para él nada difícil resultar ameno.
Le ayuda en esta ocasión, ya que no el guión, normalito y las situaciones, previsibles y algo trilladas, un gran elenco interpretativo, donde además de los dos protagonistas tenemos nada menos que a gente tan excelente como Claire Trevor, George Bancroff, Edgar Buchanan, Don Beddoe… Y así, claro, cualquiera.
Pero no es un buen western, tan solo competente y resultón, que se olvida de la misma.

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