Archive for the ‘John Doucette’ Category

SIERRA. 1950

febrero 21, 2010

Un joven vive junto a su padre, en las altas montañas, alejado de la civilización.

Ese alejamiento es voluntario, no en vano la Ley le buscó al padre en su día por el asesinato de su esposa.
Él dice que es inocente y su hijo lo sabe, pero por si las moscas han hecho creer a la comunidad que el padre murió hace mucho tiempo.
Se dedican a la caza de caballos salvajes, con el sueño de construir un gran rancho con tierras para criarlos, pero les hace falta dinero y hombres.
Un buen día aparece por el lugar una bonita chica que ha perdido a su caballo.
Ante las reticencias del chico, le llevan con los ojos vendados a su cabaña, donde vive con ellos tres días durante los cuales el padre sufre un accidente cuando intenta domar uno de los caballos.
Esto hace que necesiten ir al pueblo en busca de un doctor, lo que les pondría en peligro.

Entretenido western menor, dirigido con oficio por ese estimable realizador que fue Alfred E. Green, autor de la inolvidable “Cuatro caras del oeste“.
En esta ocasión logra un producto ameno, que se sigue sin problemas y constituye un pasatiempo seguro.
No obstante hay hacia la mitad de la cinta algún momento que lastra el ritmo aunque no el interés por saber cómo finalizará la historia, una historia con misterio incluido, que no se resuelve hasta el final, un final quizás algo facilón y no demasiado satisfactorio.
Pero la peli está bien, sobre todo por su preciosa fotografía en technicolor, que resalta los bellos paisajes de Angel Canyon Road, en Kanab (Utah, USA).
Además, los caballos y yeguas que aparecen trotando son bellísimos, dando un aire de libertad encomiable.
Grata presencia de actores que más tarde serían estrellas, bien del cine, bien de la televisión, como un jovencísimo Tony Curtis (aquí todavía Anthony Curtis), el gran Burl Ives, que sale cantando con su bellísima voz y James Arness, que triunfaría años más tarde con su incombustible “Gunsmoke“.
Una cinta menor pero agradable, que se puede olvidar con cierta facilidad.
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SENDEROS DE GUERRA (Iroquois trail, the). 1950. Media: 7.10

febrero 15, 2010
En el año 1755, Francia estaban en Guerra con Inglaterra en territorio americano. Los franceses tenían la ayuda de algunas tribus indias quienen tenían a los Ingleses como sus enemigos más feroces.
Un explorador del Ejército de Su Majestad es asesinado por un traidor indio y otro blanco aliado a los franceses. Muere cerca de su casa.
El hermano mayor decide vengarse y se alista como ojeador en el Ejército de su Majestad, junto con su amigo del alma, un indio Delaware, enemigo de los hurones, tribu a la que pertenece el indio asesino.



Una pequeña parte de la incesante acción y emoción de esta película parece reflejar este diálogo:


– ¡Pobres diablos! No podrán sostenerse muchos más días. Pero hay que matarlos.
– Quisiera que esos coloniales volvieran para ayudarnos a la lucha.
¡O para morir todos!

Así rezaba la publicidad del programa de mano del Cine Avenida, de Bilbao.

Entretenida película, más un eastern que un western, dada la época en la que se desarrolla el argumento.
Una época que ya ha sido visitada asiduamente por el cine, no en vano se vienen adaptando paulatinamente adaptaciones de Fenimore Cooper (“El último mohicano“), como en esta ocasión, en la que la obra en cuestión es “The Leather-Stocking Tales“.
Aquí, además de la espectacularidad impresa por ese buen director, todavía hoy en día no suficientemente considerado, que fue Phil Karlson, se puede aprender algo de historia.
Sin grandes medios económicos, contiene elementos que no se ven en la mayoría de películas de “indios”. La concepción territorial e histórica quedan aquí de manifiesto, logrando elevar la calidad de la película. Karlson, en esta década y la siguiente principalmente, en plena forma creativa, filma esta película, sin duda de sus primeras, notándose su mano en algunas escenas de gran violencia visual. Las peleas cuerpo a cuerpo sobrecogen por su credibilidad y fuerza expresiva, notándose el sudor, miedo y coraje de los personajes.
Una cinta muy entretenida, como digo, puede que modesta en su concepción y ambición, pero francamente notable pues una vez vista no se olvida fácilmente. Bueno, puede que el argumento en su desarrollo sí, pero no muchas de sus intensas escenas.
Merece la pena, creo yo. A mí me gustó mucho.

EL RETORNO DEL PIONERO (Return of the frontiersman, the). 1950. Valoración: 6,50

febrero 3, 2010
En un pequeño, pero apacible pueblo del far west, el hijo del sheriff, un hombre bueno y justo, tiene una pelea con un forastero.
Los dos son arrestados diez días. Al salir, al forastero se le confisca el revólver.
Por la noche, dicho forastero es asesinado de un balazo. Todos creen que ha sido el hijo del sheriff, por venganza por la pelea no terminada.
Debe probar su inocencia, y huye de la cárcel.

Pequeño, por su modestia, pero agradable western, que causa una buena impresión mientras se ve, para pasar al olvido más completo al de un par de días o así. Y es que Richard L. Bare, su director, logra un trabajo honesto pero más bien rutinario, convencional en la forma y en el fondo, pero francamente profesional.
La razón de que guste es que sus escasos mimbres están bien dispuestos, consiguiendo un esmerado pero poco profundo entretenimiento. Es ameno pues las situaciones están bien descritas y filmadas, destacando su ágil ritmo, gracias a un esforzado montaje a cargo de Frank Magee.

Tampoco la fotografía es moco de pavo, llena de bonitos colores, obra de J. Peverell Marley, que destaca los bonitos paisajes donde se desarrolla la acción.
Y en cuanto a la banda sonora lleva la firma de nada menos que Max Steiner, lo que le otorga prestancia dramática.
No obstante, repito, la peli no es nada del otro jueves, ya que se nota que no tiene más ambición que la de hacer pasar el rato.
Objetivo cumplido y poco más como no sea la belleza de Julie London, habitual en el western y de característicos tan notables como Fred Clak, Dan White y/o John Doucette, amén de Rory Calhoun, que consiguió ser el protagonista de un buen puñado de series Bs del far west y thrillers, algunos de ellos francamente notables (ya hablaré de ellos cuando llegue el año de realización correspondiente).

ASALTO AL ÚLTIMO TREN (One more train to rob). 1971. Valoración: 6,30

enero 31, 2010
Un pistolero busca vengarse de un compañero de robos que lo envió a prisión, y quien le afanó la esposa.
Idea un plan, pero necesita la ayuda de la comunidad de chinos, quiene no se fían de él, por ser blanco.


Vista dos veces, en cada una de ellas pensé diferente…pero más o menos lo mismo. ¿Que qué quiero decir con esta aparente contradicción?
Pues quiero decir que cuando la ví por primera vez, hace muchos años, en el cine, no me pareció nada del otro jueves, pensando que era una de tantas…aunque sí me gustó, dado lo joven que era yo, el erotismo en alguna escena de cama. Por lo demás, poca cosa, pensé yo. Pero pasé el rato.

En mi segunda visión, bastantes años después, por televisión, corroboré mi primera impresión de que era en realidad un western mediocre, muy acorde con la filmografía del realizador, Andrew V. McLaglen, no lo olvidemos, hijo del gran Víctor. Un hombre, Andrew, experimentado en el cine de acción y el western en particular, que solía dar trabajo a antiguos amigos y compañeros de su padre.
En esta ocasión logra un film, como no podía ser menos estando él tras las cámaras, impersonal, desdibujado desde el punto de vista guionístico, con estimables intérpretes y un buen empaque técnico (exqusita ambientación gracias a la estupenda fotografía de Alric Edens, y a la excelente labor de maquillaje y peluquería, amén de dirección artística).
La lástima es que la dirección está desprovista de cualquier atisbo de orginalidad, siendo plana y rutinaria.
Menos mal que no aburre, eso es cierto, logrando algo que el espectador debe agradecer: que pasado un tiempo no se recuerda bien y así se puede ver al de algunos años como si fuera la primera.
Por lo demás, y aparte repito de la fotografía, montaje y buenos intérpretes (otra vez el gran John Vernon destaca con facilidad), poca cosa y apenas nada pasado un tiempecito dese su visión.

EL GRAN JACK (Big Jake). 1971

diciembre 4, 2009
Big Jake, un hombre perteneciente a la época dorada del oeste, ahora en tiempos donde los coches y motocicletas irrumpen peligrosamente, debe encargarse de un bandido, que ha secuestrado a un miembro familiar.

Muy entretenido western “moderno”, adjetivo este último por aquello en que la acción se desarrolla en la época en la que el viejo oeste agonizaba o incluso acababa de morir, dando paso al progreso. Ese tiempo donde los viejos valores del far west, como el amor a la libertad, a la tierra, a los animales, a un sentido único del deber y de la justicia, amén de la amistad y el honor dejaban de ser moneda corriente, para dar lugar a los coches (la pequeña obra maestra de Sam PeckinpahLa balada de Cable Hogue” ya incidía de forma trágica en ello) y/o las motocicletas. Estos dos vehículos sustituían a los caballos, inseparables compañeros de los cowboys de toda la vida.
El gran Jack” tiene como la estructura de una verdadera película del oeste, con todos sus elementos y simbología. Su espíritu está pues intacto. Pero también, obviamente, y como los tiempos en los que se desarrolla la acción han cambiado sustancialmente, hay nuevas circunstancias en las que el guión hace hincapié. La contraposición entre lo nuevo (los personajes jóvenes se creen que todo lo saben y van de sobrados), y lo viejo (el personaje del héroe muy encarnado por el aquí ya muy veterano John Wayne) pero también sus amigos de toda la vida, que no dudan en echarle una mano a la vieja usanza.

Film simpático y muy entretenido, con gran ritmo, que se hace disfrutable no sólo por ser amena y existir escenas de acción bien filmadas adornadas por un irónico y mordaz humor, sino también por la gratísima presencia de toda una pléyade de estrellas del cine del oeste, casi todos ello/as amigo/as del Duke (Mauren O´Hara, Richard Boone, Bruce Cabot, John Agar, Hank Worden…, amén de familiares como Patrick Wayne y/o Ethan Wayne). Entre todos ellos sobresale Richard Boone en el papel de malo, que como siempre lo borda.
Resulta su visión quizás olvidable por no tener en esencia nada perdurable en la memoria durante mucho tiempo dado que la realización del ilustre artesano de Hollywood George Sherman (al parecer también tras las cámaras colaboró Wayne) es más bien convencional, pero mientras se ve es muy agradable y te lo pasas francamente bien.
Preciosa fotografía de William H. Clothier, que da lustre a bellos paisajes de Durango (México), y enorme banda sonora del maestro Elmer Bernstein.

FLECHA ROTA (Broken arrow). 1950. Valoración: 8,66

noviembre 24, 2009
Un hombre blanco, bueno y honesto, establece un pacto de paz con el jefe apache Cochise. Sin embargo, otras personas, tratarán y lograrán que la paz no sea efectiva durante mucho tiempo.
Todo ello afectará dramáticamente al blanco, que se enamorará y casará con una preciosa apache sobre la que recaerá el odio entre las distintas razas.

Muy buena película, convertida con el paso de los años en un western clásico de verdadero culto por varias poderosas razones.
Por un lado tenemos que se trata de una de las primeras película del oeste donde “los pieles rojas” son mostrados con su verdadera personalidad. Esto es: seres humanos (para empezar, no en vano anteriormente eran mostrados frecuentemente como demonios) con sus positivos sentimientos, además del orgullo hacia su raza y la valentía y fiereza demostrada ante sus enemigos.
Por otra parte tenemos sus brillantes diálogos (nominación al Óscar por su guión a Albert Maltz), que abogan una y otra vez hacia la paz, hacia el entendimiento entre los seres humanos, por más que el odio ciego y la sinrazón acechen a las buenas gentes y les tienten hacia la violencia.

Muy entretenida, con maravillosas escenas que alternan la acción con las escenas intimistas, técnicamente es impecable.
La dirección del aquí en plena forma Delmer Daves, que en esta década de los cincuenta iba a conseguir excelentes obras, tiene mucha fuerza y la convicción que otorga la verdad que expone.
Por su parte, la fotografía a todo color de Ernest Palmer (nominada también al Óscar) es de recibo y consigue transmitirnos la belleza sin par de lugares como Sedona y Tuckson (Arizona).
Por su parte, los intérpretes están maravillosos, con la bellísima Debra Paget como el amor de James Stewart y Jeff Chandler, que nunca estuvo más convincente, como demuestra su nominación al Óscar como mejor actor “secundario”.
Una película que convence no solamente a los amantes del buen western, sino a toda clase de espectadores exigentes de calidad cinematográfica.
No solamente no ha perdido vigencia con los años sino que creo que sigue más vigente que nunca su espíritu de concordia.

CODICIA DE ORO (Lust for Gold). 1949

julio 5, 2009

Jacob, un inmigrante, apodado “el alemán”, encuentra una mina de oro perdida en Arizona.
Jacob, de naturaleza es bueno, pero la codicia le hará perder sus valores, poniendo en peligro su amor, su vida y la de los demás.

Muy entretenida película, que combina sabiamente y con gran fuerza dramática y paulatina tensión, el cine propiamente de aventuras con el western. Pero también el drama intenso.
Muy bien dirigida, con mano firme y sentido de la precisión, por S. Sylvan Simon, casi casi un desconocido, pero que al menos con este film demostró que estaba preparado para cualquier difícil empresa, resulta en todo momento de gran interés dado la magnífica narración por mor de un exquisito y completo guión donde no falta de nada.

Los intérpretes están todo/as ello/as soberbios, destacando a sus ilustres característicos y también al dúo protagonista, la siempre excelente Ida Lupino, que bordaba personajes como este y Glenn Ford, de nuevo ambigüo y atormentado por la fiebre del oro, por su codicia, capaz de destruirle tanto a él como a los que le conocen y hasta quieren y/o aprecian.
El clímax va in-crescendo, llegando a momentos asfixiantes.
El único pero que se le podría poner son los decorados, que cantan bastante (altas montañas, en realidad rodadas en estudio), pero que hasta resultan bonitos en su ingenuidad artística.
Una gran película, que deja un recuerdo imborrable, si no su desarrollo, escena a escena, sí su intensidad.

DESTACAMENTO OESTE (Station West). 1948. Valoración final: 7

abril 28, 2009
En un pueblo se ha producido unos robos de oro, y dos asesinatos en las personas de los soldados que lo transportaban.
Un día llega un forastero que desea ganar dinero lo más rápidamente posible, por lo que le pide a la dueña del saloom un trabajo como su “chico para todo”.

Originalilla película del oeste, no en vano, aunque tiene todos los elementos del más genuino far west, más bien se trata de un thriller, también con sus atractivas constantes de intriga y suspense.
Es interesante siempre, dada la historia y el argumento, sustentado en un perfecto guión que no deja cabos sueltos y contiene estupendos diálogos a cargo de magníficos intérpretes (Dick Powell,
Agnes Moorehead, Burl Ives, Jane Greer, bellísima…), no estando las féminas por debajo (en méritos interpretativos quiero decir…) de sus colegas masculinos, cosa que casi siempre suele suceder en este género rey cinematográfico.


Pero es verdad que, a veces, se hace un poco extraña, no por no entenderse el argumento, repito, sino porque el espectador no sabe con certeza a qué carta quedarse. Y esto puede resultar algo molesto si se es un tanto impaciente o conservador, pero resulta de lo más atrayente si uno/a se deja embargar, embaucar ante lo desconocido o más bien incierto.
Es muy entretenida y el último minuto es bonito y poético de verdad.
Burl Ives, que por esas fechas ya comenzaba a despuntar como actor pero que ya tenía una bien ganada fama de maravilloso cantante, con una de las más poderosas y timbradas voces, demuestra aquí que, en efecto, no sólo no estaba sobrevalorado, sino que incluso era mejor de lo que habían comentado. Canta de maravilla dejando al personal con la boca abierta.

Un film muy agradable y ameno, con buenos apuntes psicológicos de sus personajes, y que deja un grato recuerdo tras su visión. Y eso que el director, Sidney Landfield, no es muy conocido ni reconocido, pero atinó con los mimbres de que disponía y logró un buen trabajo.