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DISPARA, BILLY, DISPARA. 1972. Valoración: 6,45

agosto 12, 2009
En aras a empezar una nueva vida en compañía de su segundo marido Henry y de Billy Bonney, fruto de su primer matrimonio, Catherine McCarthy se traslada a vivir desde su Nueva York natal hasta un pueblo llamado Cofferville.
En seguida Billy Bonney se siente desplazado del ambiente urbano donde se sentía cómodo. Ahora debe enfrentarse a una realidad típicamente de pueblo, desenvolviéndose en el campo y sin mayor diversión que un saloom al que acuden mayoritariamente personas de la edad de su madre o de su padrastro.
Tan sólo Billy parece entenderse con Goldie Evans y la prostituta Berle, la que todo el pueblo tiene como la amante de Goldie Evans, un violento individuo al que algunos responsabilizan de haber matado a una serie de lugareños.
A la muerte de su padrastro, Billy se aferra cada vez más a las amistades que, como Berle, ha ido cultivando en los últimos tiempos, despreocupándose de las relaciones sentimentales que mantiene su progenitora con Ben Antrim, el auténtico mandamás de esta zona agrícola del interior de los Estados Unidos.

Western bastante típico del espíritu de los felices años setenta, donde muchos personajes históricos y hechos verdaderos, volvieron a narrarse de forma bastante más realista y veraz de lo que nos habían contado anteriormente.
Crepuscular y adscrito de hoz y coz en el llamado “realismo sucio”, que tantos buenos títulos nos depararon, empero, en esta ocasión Stan Dragoti, un vulgar realizador, no consigue convencer aunque sí despertar un tanto nuestra curiosidad.
La vida de Billy Bonney, que con los años llegaría a pasar a la historia como Billy el Niño, se nos muestra desde la niñez hasta pasar a ser una auténtica leyenda.
Sus penurias, su falta de amor familiar, el desarraigo, la soledad y las malas (o buenas, según se mire) compañías, desarrollan el futuro carácter del joven, que es de nacimiento bueno pero la vida le lleva por veredas peligrosas.

Dragoti, que repito nunca ha llegado a ser nada en el mundo del cine, aunque sí tuvo éxito popular, por lo menos en la España de hace décadas con su mediocre pero decididamente simpático “Amor al primer mordisco“, consigue entretener pero más por el argumento, interesante de por sí, que por sus logros y cualidades cinematográficas, escasas a no ser por la fotografía y el buen hacer de ese estupendo actor que se fagocitó a sí mismo antes de tiempo: Michael J. Pollard, siempre convincente.
Una película violenta cuando debe y algo más ambiciosa de lo que debiera, que no gusta del todo, dejando un sabor agridulce ya que, aunque no aburre, sí que decepciona finalmente por aquello tan viejo de que “podría haber sido mucho mejor”.
Una oportunidad perdida, que no obstante tiene sus buenos momentos.
Como curiosidad, podemos ver, en pequeños papeles a jóvenes que más tarde llegarían a más altas cotas, como Gary Bussey (otro caso de malogrado actor) y/o Nick Nolte (este sí que aprovechó las oportunidades que le dieron).

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