Archive for the ‘Walter Barnes’ Category

INFIERNO DE COBARDES (High plains drifter). 1973. Nota media: 8

mayo 1, 2009
Un misterioso personaje llega a un pueblo amenazado por la próxima visita de tres rencorosos criminales, por lo que rápidamente se le solicita protección; consciente de que es imprescindible y nadie se atreverá a enfrentársele, comienza a humillar y exigir progresivamente a los ciudadanos.

Primer film del oeste que dirigió el gran Clint Eastwood (en esa época menos grande que en la actualidad…).
Se trata de un film original en cuanto a su temática, y en cuanto a determinados empleos del color y la fotografía. En cuanto a su temática, no en vano el “héroe” no lo es tanto, al menos en cuanto a la moral que exhibe, en sus violentos y crueles métodos y en su poca complacencia para con el resto de sus semejantes. Y en cuanto al color, al emplear el rojo con la intensidad y cromatismo del infierno puro y de la muerte.

Es un film interesante, aunque lejos de la maestría que años después demostraría su autor, pero en todo momento resulta entretenida y muy amena, aunque ciertamente, repito, todo lo que hace el protagonista, “el bueno” de la película, resulta lejano a los positivos sentimentos que debe albergar quien debe velar por nuestros intereses y seguridad.

Al final queda todo aclarado, el porqué lo hacía, etc, pero durante el metraje está bien mostrada la dualidad y hasta contradicción, dando a entender que el ser humano tiene de todo, partes buenas y demonios interiores y deudas no pagadas que nos llevan por caminos oscuros y hasta violentos, como es el caso.
Un film singular, que creo se trata de un buen borrador de su ya mejor “El jinete pálido“, y que se sigue regularmente proyectando en las televisiones del mundo entero con un éxito merecido.
Y es que siempre es un acierto por su original puesta de escena y por la intensidad dramática conseguida.

LA SOGA DE LA HORCA (Cahill: United States Marshal). 1973. Valoración: 6

abril 6, 2009

Un viejo sheriff debe perseguir a su propio hijo por el asesinato de un hombre cuando huyó, en compañía de unos criminales desaprensivos, de la cárcel, donde había sido recluido tras una noche de borrachera.
El hijo no es culpable, pero él no lo sabe.

Un film menor del oeste, de esos que Andrew V. McLaglen, hijo del gran Víctor, hermano del alma de John Wayne, hizo durante los años sesenta y setenta como churros, o casi casi.

Ciertamente no tiene nada de especial, pero cuenta con el gran Wayne y un buen puñado de excelentes intérpretes propios del género del far west, casi todos de la camada McLaglen-Wayne (Paul Fix, Neville Brand, Denver Pyle, Harry Carey Jr..). Viejos amigos que se juntaban, se lo pasaban bien y cobraban dinero haciendo lo que más les gustaba.


El argumento no es nada del otro mundo, con un guión convencional y una dirección mediocre, pero se ve bien por el buen hacer de sus más bien veteranos (o muy veteranos) intérpretes, con el añadido del joven Gary Grimes, por esta época un valor en alza en el que se tenían depositadas muchas esperanzas y que prácticamente desapareció un buen día sin dejar mucho rastro.
Preciosa fotografía, bellísimos paisajes, bonita música.
En fin, un western agradable, poco imaginativo, donde la originalidad brilla por su ausencia, aunque el final sí que se escapa de lo trillado.