SIERRA. 1950

febrero 21, 2010

Un joven vive junto a su padre, en las altas montañas, alejado de la civilización.

Ese alejamiento es voluntario, no en vano la Ley le buscó al padre en su día por el asesinato de su esposa.
Él dice que es inocente y su hijo lo sabe, pero por si las moscas han hecho creer a la comunidad que el padre murió hace mucho tiempo.
Se dedican a la caza de caballos salvajes, con el sueño de construir un gran rancho con tierras para criarlos, pero les hace falta dinero y hombres.
Un buen día aparece por el lugar una bonita chica que ha perdido a su caballo.
Ante las reticencias del chico, le llevan con los ojos vendados a su cabaña, donde vive con ellos tres días durante los cuales el padre sufre un accidente cuando intenta domar uno de los caballos.
Esto hace que necesiten ir al pueblo en busca de un doctor, lo que les pondría en peligro.

Entretenido western menor, dirigido con oficio por ese estimable realizador que fue Alfred E. Green, autor de la inolvidable “Cuatro caras del oeste“.
En esta ocasión logra un producto ameno, que se sigue sin problemas y constituye un pasatiempo seguro.
No obstante hay hacia la mitad de la cinta algún momento que lastra el ritmo aunque no el interés por saber cómo finalizará la historia, una historia con misterio incluido, que no se resuelve hasta el final, un final quizás algo facilón y no demasiado satisfactorio.
Pero la peli está bien, sobre todo por su preciosa fotografía en technicolor, que resalta los bellos paisajes de Angel Canyon Road, en Kanab (Utah, USA).
Además, los caballos y yeguas que aparecen trotando son bellísimos, dando un aire de libertad encomiable.
Grata presencia de actores que más tarde serían estrellas, bien del cine, bien de la televisión, como un jovencísimo Tony Curtis (aquí todavía Anthony Curtis), el gran Burl Ives, que sale cantando con su bellísima voz y James Arness, que triunfaría años más tarde con su incombustible “Gunsmoke“.
Una cinta menor pero agradable, que se puede olvidar con cierta facilidad.
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ÁGUILA GRIS (Grayeagle). 1977. Valoración: 6,70

febrero 18, 2010
Águilas Gris es un valeroso guerrero cheyenne, que secuestra a la hija de un viejo y más bien humilde ranchero, que tiene como mejor amigo a un indio de la misma edad aproximadamente.
Juntos comenzarán un largo y arriesgado viaje para recuperar a la muchacha, que pasará del miedo más profundo al respeto más absoluto hacia su secuestrador, sobre todo cuando sepa porqué se la llevó de su hogar para llevarla a su poblado.

Estimable western, de esos que solía rodar Charles B. Pierce en la década de los setenta, cuando el género agonizaba y no encontraba un lugar en el firmamento cinematográfico.
Él siempre contaba historias eminentemente humanas, en un medio hostil y de innumerables peligros, pero lleno de personajes entrañables, dignos y honestos, con gran valor y sentido del honor y del deber y justicia.
En este caso sucede lo mismo, relatado con tranquilidad, pero con excelentes momentos que hacen de este film un producto agradable.
Con pocos pero bien dibujados personajes, ritmo adecuado y un engranaje técnico de calidad, como la bella fotografía que da relumbre a bellos paisajes de Helena National Forest, Helena, Montana, USA, Pierce nos reconforta con un argumento nada original (bebe de otros grandes westerns pasados), pero con un equilibro destacado de sus más bien escasos elementos.

Escenas como la lucha a muerte con cuchillos de Jack Elam contra un indio, mientras tiene una soga alrededor de su cuello y esta está atada a un poste clavado en el suelo, poseen indudable fuerza y nos remiten a grandes trabajos de la época dorada del género.
Violencia, amistad, honor…se funden en perfecta armonía destilando una extraña pero embriagadora poesía.
Todo ello plasmado modestamente, comenzando por su ambición, que no va más allá que la de conseguir gustar al público con un trabajo de buen orfebre que quizás no esté tocado con el hálito de un genio. Pero también de forma convicente, consiguiendo dejar un buen sabor de boca.
Está francamente bien, si no se le exige demasiado, claro.

SENDEROS DE GUERRA (Iroquois trail, the). 1950. Media: 7.10

febrero 15, 2010
En el año 1755, Francia estaban en Guerra con Inglaterra en territorio americano. Los franceses tenían la ayuda de algunas tribus indias quienen tenían a los Ingleses como sus enemigos más feroces.
Un explorador del Ejército de Su Majestad es asesinado por un traidor indio y otro blanco aliado a los franceses. Muere cerca de su casa.
El hermano mayor decide vengarse y se alista como ojeador en el Ejército de su Majestad, junto con su amigo del alma, un indio Delaware, enemigo de los hurones, tribu a la que pertenece el indio asesino.



Una pequeña parte de la incesante acción y emoción de esta película parece reflejar este diálogo:


– ¡Pobres diablos! No podrán sostenerse muchos más días. Pero hay que matarlos.
– Quisiera que esos coloniales volvieran para ayudarnos a la lucha.
¡O para morir todos!

Así rezaba la publicidad del programa de mano del Cine Avenida, de Bilbao.

Entretenida película, más un eastern que un western, dada la época en la que se desarrolla el argumento.
Una época que ya ha sido visitada asiduamente por el cine, no en vano se vienen adaptando paulatinamente adaptaciones de Fenimore Cooper (“El último mohicano“), como en esta ocasión, en la que la obra en cuestión es “The Leather-Stocking Tales“.
Aquí, además de la espectacularidad impresa por ese buen director, todavía hoy en día no suficientemente considerado, que fue Phil Karlson, se puede aprender algo de historia.
Sin grandes medios económicos, contiene elementos que no se ven en la mayoría de películas de “indios”. La concepción territorial e histórica quedan aquí de manifiesto, logrando elevar la calidad de la película. Karlson, en esta década y la siguiente principalmente, en plena forma creativa, filma esta película, sin duda de sus primeras, notándose su mano en algunas escenas de gran violencia visual. Las peleas cuerpo a cuerpo sobrecogen por su credibilidad y fuerza expresiva, notándose el sudor, miedo y coraje de los personajes.
Una cinta muy entretenida, como digo, puede que modesta en su concepción y ambición, pero francamente notable pues una vez vista no se olvida fácilmente. Bueno, puede que el argumento en su desarrollo sí, pero no muchas de sus intensas escenas.
Merece la pena, creo yo. A mí me gustó mucho.

RÍO LOBO. 1970. Valoración: 6,50

febrero 12, 2010
Se produce el espectacular robo de un tren de la Unión por las guerrillas confederadas.
El coronel del tren encarcela a los jefes enemigos Cardona y Tuscarora, pero los tres hombres acaban haciéndose amigos al terminar la guerra.
Tras esto, comienzan a buscar a los traidores de la Unión responsables de una serie de robos a trenes por parte de los confederados, y que los conducirá a la ciudad de Río Lobo, donde se les unirá la joven Shasta Delaney, la cual destapa la trama de corrupción de la ciudad.

Entretenido western, el último de la “trilogía” de los ríos de Howard Hawks y también su último film. Aunque solo fuera por este motivo, habría que tomarla en consideración o al menos recordarla dentro de una excelente filmografía, propia solamente de los mejores clásicos del cine de Hollywood.
Pero dejando esto aparte, la película es amena pero claramente la menos conseguida de dicha trilogía. Y también debemos situarla por debajo de “El Dorado“, otra del far west memorable.
Sin embargo, como digo es bastante maja y contiene los elementos propios del autor, donde la amistad, el sentido de la justicia y el honor, la lucha entre el Bien y el Mal, claramente manifestados en dos antagonistas bandos, están presentes de forma ágil y dicharachera, alternando las escenas de acción, muy bien filmadas, con las humorísticas, a cargo de hombretones de pelo en pecho, no pocas veces puestos en solfa por las damas (en este caso se encarga de ello la maravillosa y preciosa Jennifer O´Neil).
Un canto del cisne de Hawks que no significa lo mejor precisamente de su carrera cinematográfica, pero sí que la representa, al menos en parte.

Técnicamente muy competente, destaca la preciosa canción de los títulos de crédito iniciales, la bella fotografía de William H. Clothier que da contenido dramático a paisajes de Cuernavaca, Morelos (México), y la estupenda banda sonora del maestro Jerry Goldsmith.

Además de todo esto, el elenco interpretativo es fabuloso, con mogollón de los veteranos actores que siempre trabajaron bien con John Ford, bien con el propio Hawks, y algunos de los nuevos, como Chris Mitchum, que logró el trabajo al haberlo rechazado su padre, Robert, debido a que este pidió a los productores nada menos que un millón de dólares de la época. Ante esto le dijeron que nainas y ficharon al retoño.
Te lo pasas bien, aunque sí es cierto que pasado un tiempo se pierde un tanto en la memoria.

RIO GRANDE. 1950

febrero 9, 2010
El Coronel York combate a los apaches desde un fuerte cercano a la frontera con México.
Su hijo, que ha fracasado en West Point, se alista a su regimiento.
Dispuesta a sacarlo de allí, también llega al fuerte la esposa de York.
Es el reencuentro del matrimonio tras muchos años de separación.
En medio de un agrio conflicto familiar, la lucha con los indios se recrudece.


Buen film de John Ford, tercero de la trilogía dedicada a la “caballería”, pero el menos bueno de ellos.
Por separado se trata de un estimable western, con todas las constantes de la filmografía del maestro. Sin embargo, por comparación con las otras dos no cabe duda que pierde.
Y es que es la menos destacada de ellas debido a la irregularidad de su narración, habiendo muy buenos momentos, que combinan la acción del más recio western con el intimismo “familiar”, donde las cuitas de dos alejados antaño y ahora cercanos marido y mujer, llegan a ser en más ocasiones de las necesarias lo más importante en el argumento.
Esto hace que la palabra tenga más importancia que la acción, lo que en un film como este es un poco rémora, pecando de estatismo en algún momento concreto.

De todas formas, es innegable que posee la mano de Ford, tanto en el cuidado estético, con fotografía de Bert Clennon y magistral banda sonora de Víctor Young, uno de los grandes de la época. Además, el elenco interpretativo es de primera, estando poblado, como era habitual en Ford, de sus amigos, que eran legión.
Es, en todo caso, una buena película, repito, donde brilla la excelente interpretación de John Wayne, aqui bien caracterizado de hombre ya mayor. Y lo es tanto que hay ciertos críticos que la prefieren a sus otros filmes, lo que indica que no hay criterio unificado sobre ella y que posee más aristas que los que en un primer vistazo pudieran apreciarse.
Por ello merece una revisión, claro que sí.

SOLDADO AZUL (Soldier blue). 1970. Valoracion media: 7,33

febrero 6, 2010
Un pagador del ejército y su escolta son atacados por los indios y solo quedan dos supervivientes: Cresta Lee y el soldado Johnny.
Ambos vivirán una odisea para llegar a Fuerte Reunión y serán testigos del exterminio del pueblo cheyenne por las tropas del coronel Iberdson.


La aventura más salvaje y brutal de la historia del Oeste Americano. ¡Campeona de taquilla del mundo entero! (sin exhibición en ningún otro local de Bilbao y provincia en la actual temporada)”.

Así rezaba la publicidad del programa de mano del Cine Capitol, de Bilbao.

Western que en su época fue muy polémico debido a su violencia, nada implícita, sino explícita a más no poder.

No, Ralh Nelson, su realizador (durante muchos años, el único director negro de Los Estados Unidos que logró filmar películas comerciales y ser reconocido en la industria de Hollywood…), no deja nada en el tintero y plasma nítidamente y con todo lujo de detalles, la tropelía de parte del Ejército estadounidense contra los pieles rojas, eso sí, niños y ancianos pillados desprevenidos si podía ser.
Es por ello que bien podría encuadrarse esta cinta en el género histórico, no en vano, aunque poniéndole otro nombre, se habla nada menos que del general Custer, que gracias a la obra maestra “Murieron con las botas puestas”, del gran Raoul Walsh pasó a ser un auténtico héroe, pero que en la realidad ya se sabe que fue un auténtico genocida, un psicópata de padre y muy Sr. mío.
En la época de su estreno en las salas comerciales, a todos los espectadores nos pareció muy bonita y con
buenas interpretaciones (Candice Bergen está insuperable tanto como actriz, como de guapa y sensible, y Peter Strauss interpreta aquí su mejor papel en cine hasta la fecha).
También nos pareció que tenía un guión sólido y realización con garra, con fuerza.

Nos pareció por ello de visión obligatoria, tanto por el contenido como por la envoltura, gracias a una extraordinaria fotografía de Robert B. Hauser y una música preciosa de Roy Bubb.
Por su parte, el maravilloso actor Donald Pleasence, bellísima persona y muy educada en la vida real, fue odiado durante mucho tiempo por los espectadores debido al asqueroso personaje que interpreta.
Sin embargo, todas estas impresiones, viéndola muchos años después, si no desaparecen sí que se atenúan, no en vano se nota ahora que quizás peca de efectista y algo exagerada en sus formas. Además, hay algunos tiempos muertos y situciones, que le acercan peligrosamente en algunos momentos al spaguetti western. En fin, que quizás el paso del tiempo no ha jugado a su favor precisamente.
Pero para quien no la haya visto, creo que merece la pena.

EL RETORNO DEL PIONERO (Return of the frontiersman, the). 1950. Valoración: 6,50

febrero 3, 2010
En un pequeño, pero apacible pueblo del far west, el hijo del sheriff, un hombre bueno y justo, tiene una pelea con un forastero.
Los dos son arrestados diez días. Al salir, al forastero se le confisca el revólver.
Por la noche, dicho forastero es asesinado de un balazo. Todos creen que ha sido el hijo del sheriff, por venganza por la pelea no terminada.
Debe probar su inocencia, y huye de la cárcel.

Pequeño, por su modestia, pero agradable western, que causa una buena impresión mientras se ve, para pasar al olvido más completo al de un par de días o así. Y es que Richard L. Bare, su director, logra un trabajo honesto pero más bien rutinario, convencional en la forma y en el fondo, pero francamente profesional.
La razón de que guste es que sus escasos mimbres están bien dispuestos, consiguiendo un esmerado pero poco profundo entretenimiento. Es ameno pues las situaciones están bien descritas y filmadas, destacando su ágil ritmo, gracias a un esforzado montaje a cargo de Frank Magee.

Tampoco la fotografía es moco de pavo, llena de bonitos colores, obra de J. Peverell Marley, que destaca los bonitos paisajes donde se desarrolla la acción.
Y en cuanto a la banda sonora lleva la firma de nada menos que Max Steiner, lo que le otorga prestancia dramática.
No obstante, repito, la peli no es nada del otro jueves, ya que se nota que no tiene más ambición que la de hacer pasar el rato.
Objetivo cumplido y poco más como no sea la belleza de Julie London, habitual en el western y de característicos tan notables como Fred Clak, Dan White y/o John Doucette, amén de Rory Calhoun, que consiguió ser el protagonista de un buen puñado de series Bs del far west y thrillers, algunos de ellos francamente notables (ya hablaré de ellos cuando llegue el año de realización correspondiente).

ASALTO AL ÚLTIMO TREN (One more train to rob). 1971. Valoración: 6,30

enero 31, 2010
Un pistolero busca vengarse de un compañero de robos que lo envió a prisión, y quien le afanó la esposa.
Idea un plan, pero necesita la ayuda de la comunidad de chinos, quiene no se fían de él, por ser blanco.


Vista dos veces, en cada una de ellas pensé diferente…pero más o menos lo mismo. ¿Que qué quiero decir con esta aparente contradicción?
Pues quiero decir que cuando la ví por primera vez, hace muchos años, en el cine, no me pareció nada del otro jueves, pensando que era una de tantas…aunque sí me gustó, dado lo joven que era yo, el erotismo en alguna escena de cama. Por lo demás, poca cosa, pensé yo. Pero pasé el rato.

En mi segunda visión, bastantes años después, por televisión, corroboré mi primera impresión de que era en realidad un western mediocre, muy acorde con la filmografía del realizador, Andrew V. McLaglen, no lo olvidemos, hijo del gran Víctor. Un hombre, Andrew, experimentado en el cine de acción y el western en particular, que solía dar trabajo a antiguos amigos y compañeros de su padre.
En esta ocasión logra un film, como no podía ser menos estando él tras las cámaras, impersonal, desdibujado desde el punto de vista guionístico, con estimables intérpretes y un buen empaque técnico (exqusita ambientación gracias a la estupenda fotografía de Alric Edens, y a la excelente labor de maquillaje y peluquería, amén de dirección artística).
La lástima es que la dirección está desprovista de cualquier atisbo de orginalidad, siendo plana y rutinaria.
Menos mal que no aburre, eso es cierto, logrando algo que el espectador debe agradecer: que pasado un tiempo no se recuerda bien y así se puede ver al de algunos años como si fuera la primera.
Por lo demás, y aparte repito de la fotografía, montaje y buenos intérpretes (otra vez el gran John Vernon destaca con facilidad), poca cosa y apenas nada pasado un tiempecito dese su visión.

CHEYENNE. 1947. Valoración: 6,50

enero 28, 2010

En 1847, en Wyoming, entre las ciudades de Laramie y Cheyenne, grupos de maleantes están causando el caos, al asaltar diligencias. Además, un desconocido, un hombre que se hace llamar “El poeta”, a veces actúa por su cuenta, dejando las arcas que transportan las diligencia vacías, o mejor dicho, con una nota, riéndose, en verso, de los ladrones que hubieran intentado a su vez robarles.
En esto que un jugador que mató en defensa propia a dos malosos en Carson City, es apremiado por un famoso detective privado para que les ayude a capturar al Poeta, si no, será enviado a la cárcel.
Por ello se traslada a Cheyenne, viajando en la diligencia con dos bellas y muy distintas mujeres: una joven y bella, valiente y deslenguada, y la otra, toda una señora, guapísima y muy seria.

“- ¿Es Ud. jugador?
– Todos lo somos. Si no, no nos casaríamos“.

Entretenido western producido por la Warner, que no obstante es claramente menor en la filmografía del gran Raoul Walsh, quizás el más “americano” del cine de Hollywood.
Se trata de un discreto film en líneas generales, que combina modesta pero eficazmente el humor con la pura acción.
El resultado es mediano en cuanto a calidad cinematográfica, pero resultón al ser bastante simpático y al final, ameno. Eso significa que se la olvida al de poco, no en vano no tiene casi nada perdurable, como no sea la belleza de las dos actrices, sobre todo, elegante en su sobriedad, Jane Wyman, que se merienda como y cuando quiere a su paterneaire Dennis Morgan, actor culón y de bonita sonrisa.
Meritorios “secundarios”, bellos y agrestes paisajes de Sedona, Arizona, visitado asiduamente en el cine del far west, y peligroso trabajo de los extras en las escenas que a todo trote tratan de frenar a las alocadas diligencias (bueno, más bien a los desbocados caballos).
Se pasa el rato, pero no es muy buena que digamos.

CATLOW, EL ORO DE NADIE (Catlow). 1971. Media: 6,45

enero 25, 2010
Catlow es un indómito cuatrero de Texas, enfrentado a un grupo de ganaderos de la zona quienes le reclaman la propiedad de un ganado sin marcar que él reunió hace tiempo.

Pues un western en coproducción con tres países, alguno con mayyor participación que otros: España, Gran Bretaña y USA. Es por tanto, y como cabría esperar, algo irregular y de varia idiosincrasia, lo que no le empaña pues resulta bastante entretenida.
Y lo es por cuanto es desenvuelta y llena de simpáticos personajes. Se alterna, además, el humor con las escenas de acción propias del género, las cuales no están mal rodadas y algunas impactan como cuando a un personaje le matan clavándole un montón de flechas.

Está rodada en España, en Tabernas, concretamente y entre sus intérpretes hay un buen puñado de actores/actrices patrios (Julián Mateos, José Nieto, Víctor Israel…), es decir, incondicionales del entrañable spaguetti western.
No, no se puede decir que sea una buena película, pero sí que gusta más de lo que en un principio podría pensarse y deja un agradable sabor de boca.
Se nota que no tiene más ambición que la de hacer pasar el rato. Y lo consigue de sobra.